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Pandemia del Penitente

A estas alturas del artículo y con más velocidad que el coronavirus ya más de uno habrá pensado en que en el título debería poner “nazareno”, pero ese es otro “virus” que asola endémicamente a la Semana Santa de Cádiz y del que ya hablamos y hablaremos.

Porque lo que nos ocupa es esa psicosis colectiva que nos ha entrado en el país y que amenaza la vida normal del ciudadano. ¿No estamos volviendo locos o qué? Son, desgraciadamente, pocos fallecidos nada más. Que la Gripe común mató el año pasado a 3800 y no se preocupó nadie.

Es un coronavirus con una tasa de mortalidad del 0.89%, el resfriado común también lo es, que parece que estamos hablando de la Peste Negra del XIV o del Cólera del XIX… por favor.

…¿quiénes andarán detrás del pánico…?

Pero lo que ocupa, si se quiere de forma banal, al mundo cofrade es la celebración de la Semana Santa. Andaba el cofrade alerta con las Fallas de Valencia como señal de las decisiones gubernamentales… pero se han confirmado sus peores augurios. Pero claro, Valencia es una ciudad y aquí estamos hablando de toda una región, de un país.

El acerbo popular de esta nación lleva en los más hondo de su epidermis la Semana Santa, un sentimiento profundo que va muchas veces más allá de la lógica y como tal expresión tradicional y común su suspensión me temo que será peor remedio que solución. ¿O creen las autoridades que las buenas gentes andaluzas no se echarán a las calles para visitar en masa los templos?

Se entendería la anulación de la Semana Mayor si se suprimen los trabajos, salir de casa y cualquier actividad humana. Pero no va a ser así; y en la hipocresía alarmista se prohibirán las procesiones mientras millones de personas se agolpan para ir a trabajar en los transportes públicos.

Pero la Semana Santa ofrece un problema añadido: no se puede aplazar. La Pasión y Resurrección depende de otras fechas litúrgicas que lo hacen imposible. Amén de los contratos efectuados, pagos derivados de hermanos por procesionar, etc…

Evidentemente la Salud es lo primero. Aún quedan más de 20 días y, en espera de que remita el coronavirus para que, sobre todo sanen las personas, los que mandan mediten y piensen en la alarma, incertidumbre y pánico que puede acarrear la suspensión de la Semana Santa. Pero no tenemos mucha esperanza en la objetividad de sus resoluciones a cuenta de que unos partidos de fútbol si se juegan con público, otros no, y mientras si se deja que miles de aficionados se agolpen en los exteriores de un Estadio.

Lo dicho, sólo lo entendería si se suspende toda actividad humana y se confina a todos en domicilios.

Pablo M. Sánchez

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