Actualidad Ventana del Ateneo

La campana del colegio

Escrito por Redacción

Escuchando una antigua canción de la sensual Silvy Vartan me ha venido a la mente aquellos días de principios de curso en las mágicas aulas de nuestro añorado cole San Felipe Neri.
El olor de los tinteros anclados tercamente en aquellos desvencijados pero entrañables pupitres donde apoyados nuestros codos infantiles intentábamos gastar los parches o coderas que nuestras madres nos ponían en jerseys de lana de mezclillas tejidos con tanto amor como tesón de superación por ayudarnos a hacernos personas de bien. Osea personas.
Aquellas clases de francés cuyo libro amarillento llevaba en portada la imagen de la catedral de Notre Dame sigue asociado a cuántas notas musicales de cualquier artista franchute de la época nos pudieran seguir llegando ad eternum.

Las filas de alumnos serpenteantes en aquel acogedor patio junto a la pista de patinaje, todo un lujo para la época, quedan retenidas per sécula seculorum en nuestras retinas.
Nombres poco habituales de latitudes sureñas como Herminio, Aventino o Florencio con el don por delante siguen resultando familiares entre los compañeros del cole, nuestro cole.
No poder ir al colegio los jueves por la tarde resultaba más que un descanso, un castigo.

¿Cuántos días de vacaciones saltábamos la tapia de General Rodríguez Bouzo accediendo al patio de San Felipe para jugar casi a solas en su enorme campo de arena?
¿Quién ha olvidado la imagen del Coco haciendo el paseíllo renqueante desde que salía de su escondite junto a la Capilla donde hicimos la comunión?
¿Cuantos darían lo que pudieran por volver a la taquilla junto a sus cuidados jardines para seguir comprando ilusión en forma de cuadernillos, reglas y compases de una liberal concepción de la educación recibida?

De la misma manera que quién nace en Cádiz está embrujado de por vida y necesita volver a ver y sentir el mar que lo rodea, nosotros hijos de San Felipe jamás olvidaremos sus enseñanzas, sus profesores, competiciones, sus fiestas, sus excursiones ni el sonido de su campana llamando nuestros corazones.
Sólo se añora y se celebra lo que se valora y se quiere.

Te quiero, te queremos San Felipe. San Felipe Neri.

Uno de tantos exalumnos

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Redacción

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