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Cádiz y La Habana hermanadas por el folclore (Segunda parte)

La mezcla de ritmos afrocubanos y, en general antillanos, que llegarían a bordo de los navíos que zarpaba desde La Habana rumbo a Cádiz es parte de la raíz, como ya dijimos, de esa exuberante planta que representa nuestro carnaval. Aquí descargaron sus sabrosas melodías y cálidos ritmos sabedores que el exotismo y la gracia de sus canciones encontraban en el pueblo gaditano, terreno abonado por la impronta de la chispa y el ingenio que lo caracteriza, configurándolos a su justa medida.

La prueba de lo expuesto, la tenemos, en que varias agrupaciones carnavalescas que se hicieron famosas durante el siglo XIX llevaron en sus repertorio ritmos cubanos. Sirvan de muestra las habaneras de Las Viejas Ricas (1884) o las guajiras de Los Claveles (1896)…
El doloroso episodio de la guerra de Cuba y sus consecuencias dejó un rosario de coplas que juzgaron este tema desde diferentes ángulos, siendo lo más recordado por su tono patriótico, el tango «Al grito de Viva España» (Los Claveles) de El Tío de la Tiza, cuya música llegó a ser interpretada ya en el siglo XX por La Tijuana Brass (México) y otras grandes orquestas. Hay que comprender, desde la distancia de lo ocurrido, que Cádiz viera desconsolada cómo su ciudad hermana rompía los lazos socio políticos tejidos durante siglos.

Lo que también reflejaron las poblaciones del resto de nuestra bahía en coplas sobre tan desgarradora guerra. El coro Los Esqueletos (El Puerto de Santa María) ironizaba de esta guisa sobre los cabecillas de la revuelta cubana: «Preguntamos quien era Maceo/ supimos que era un tío muy feo/ que sacando lustro a las botas/ el sustento se buscaba»…
Las Cantineras, otra comparsa portuense de 1896, demostraba en su repertorio el dolor al que nos referíamos: «Lo que nos entristece y más deploramos./ es tener que pelear con nuestros propios hermanos./Que la sangre derramada caiga sobre los nacidos/ de esa avarienta nación llamada Estados Unidos.»

Las alusiones y los lazos sentimentales con la capital cubana, tanto antes y después de la independencia, es una constante en las coplas del carnaval gaditano.
Se repiten con frecuencia títulos de comparsas, tipos, disfraces… desde «Los Morenos fingidos» (1889) al «Callejón de los Negros» (1985) por citar ejemplos conocidos. O «Los Caballeros Cubanos (1901) y «Los Viejos maletas (1905) con sus populares guarachas, «El Guateque Cubano» (1906), «Los repatriados de Cuba» (1916), «Mister Washington y sus botones» (1920)…
Y ya más reciente Los Ñañigos, Los Guajiros (Paco Alba), Los Indianos, Los Maniseros Cubanos, Los Cancioneros Cubanos, Negros Cubanos, Los Habaneros, Angelitos Negros, Cuba, Azúcar Moreno

En líneas generales la relación entre gaditanos y habaneros es de simpatía y admiración mutua. Ambas poblaciones presumen de ser buenos conversadores, generosos, serviciales y aficionados al noble deporte de mirar, desde una caña de pescar a cualquier obra callejera que se estuviese realizando… Lo que se dice en Cádiz «échale un ojito.a la mezcla»…
Podríamos decir a modo de epílogo y sin riesgo de equivocarnos que la guasa y lo que vulgarmente aquí denominamos cachondeo es rasgo característico de las dos ciudades que se hace sentir hasta en las situaciones más críticas.

Como dijera en su libro «Coros y Chirigotas», Ramón Solís, sólo un gaditano con añoranza pudo cantar aquéllo que decía: «Me gusta por la mañana después del café bebío, pasearme por La Habana con mi cigarro encendío».

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