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Aquella Cuaresma No hay votos

Escrito por Pablo M Sanchez

La Cuaresma ha vuelto y vuelve con con tintes de estreno y una cierta normalidad. En este frenético y apocalíptico año, con pandemia (aún no vencida) Guerra y los Precios desorbitados, esta Cuaresma que muchos no terminan de asimilar en su grandeza y otros la minimizan con decisiones, altares y actos impropios de la importancia de dicha etapa.

 

Hace falta más compromiso y menos complejos, basta ya la excusa del Carnaval porque el Carnaval sólo le quita tres días. Vamos a dejar atrás la milonga que en Cádiz no se vive esto. Se vive y disfruta mucho, sobre todo si se está en Cádiz.

 

Cierto que se abusa mucho de los conciertos y carteles, cierto que la actividad pública cofrade se ha extendido a todo el año – hay certámenes  y conciertos de bandas hasta en Carnaval y Navidad -, cierto que la masificación de procesiones extraordinarias y Vía Crucis de todo tipo le esta quitando lustre a las salidas procesionales, cierto que las redes sociales -con su prolífica lluvia de fotos – esta dejando sin misterio lo misterioso; todo en este Cádiz donde o nos pasamos o no llegamos.

 

Ese misterio que tenía antes la Cuaresma se ha diluido. No había nada más misterioso en el mundo que un Almacén de una Cofradía, al llegar estas fechas los preparativos de la salida procesional alcanzaban su máxima cota y si tu pasabas por la calle, lo único que te dejaba ver la entreabierta puerta era un trozo de manta de Ubrique que tapaba algo, todo lo más veías un candelabro o una pértiga.

 

Claro, si eras hermano, tenía la oportunidad al recoger la túnica, de entrar en el misterioso almacén y ver un bulto tapado que adivinábase el paso. Ya entonces, con la túnica en una bolsa de la Riojana, Tinoco o Eutimio, te encaminabas hacia Casa Orozco o a José Medina para hacerte el Capirote.

 

Eso si que era un símbolo de la Cuaresma, el escaparte de Orozco, con sus capirotes expuestos y todos los niños arremolinados tratando de adivinar por los colores de que Hermandad eran, aderezado con algún que otro paso en miniatura.

 

Otro signo eran los olores de la Pastelerías donde ya la Camelia, Orcha, el Pópulo o Hidalgo preparaban los dulces típicos de Semana Santa; Roscos, Torrijas y Bollos. Y, sobre todo, que abrían los Italianos.

 

Uno de los actos más concurridos de la época era la proyección de diapositivas de los tres o cuatro que hacían fotos en la calle, porque no eran más los que hacían fotos. Con una discreción que ni notabas que estaban en la calle, armados sólo con su cámara.

 

El Rubio ya empezaba a recibir en la Peña la Estrella más visitas de la habituales y junto con Goliat, el Pájaro, Canales, Pedrito Ramos.., comenzaba a configurar las Cuadrillas.

 

Algunos años incluso había grandes exposiciones como la célebre de Arte Sacro en Diputación en 1982 coincidiendo con la Magna de aquel año.

 

Y llegaba el día del Pregón en el Gran Teatro Falla, única oportunidad de escuchar una banda antes de las procesiones, ahora ya hay prácticamente un concierto por Triduo o por presentación de Cartel. Pregón, nunca lleno -aunque recuerdo como geniales los de Bohórquez y Pedro Miguel Lamet- y en donde siempre se tocaba Amargura.

 

Luego venían los traslados que si veías alguno eras un afortunado y se hacían en el más absoluto secretismo y casi a escondidas – igual que ahora que hasta se anuncian los traslados por las redes y en alguno hay mas gente que en la propia salida de la hermandad y hasta se cubren por vídeo directo-  ya sólo esperabas que abriera la Iglesia para ir a ver los pasos… si te dejaban acceder a la nave donde se encontraban.

 

Esa Cuaresma de antaño llegó durante años a encandilar a generaciones que esperaban coger los itinerarios de la Caja de Ahorros de Cádiz como un trofeo, una ilusión que si bien era de unos pocos fue de los que verdaderamente les gustaba esto. Después todo se magnificó y se corre el peligro de saturar y llegar hastiados a la Semana Santa. Y aunque algunos piden más y más… ha llegado el momento de cribar y poner empeño en los actos verdaderamente brillantes y necesarios. Cualquier tiempo presente no es necesariamente mejor.

 

Pablo M. Sánchez

 

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Pablo M Sanchez

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