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Apuntes de la Historia de Cádiz. Cádiz en la Carrera de indias. ( I ).

Estimado lector, tras un paréntesis en el tiempo en esta sección sobre historia de Cádiz en País Gaditano, volvemos en una nueva etapa, esperando que los contenidos resumidos de los artículos sigan siendo de su interés y agrado como habéis transmitido en pasadas ediciones.
Una vez más, y como en tantas ocasiones, la ciudad de Cádiz adquiere una papel relevante en la historia universal. En esta ocasión resumirenos en varios capítulos alternos la importancia de nuestra ciudad en aquel escenario histórico de La Carrera de indias.
La llamada Flota de Indias o también llamada Flota del Tesoro Español, o La Española, fue la configuración del monopolio comercial español con América. Un instrumento organizado y planificado por la corona española, dominando todo el comercio junto con la navegación. El verdadero motor económico español y de la supremacía española en aquellos siglos.
 El tránsito marítimo entre España y las indias tuvo sus comienzos a partir del segundo viaje de Colón (Cádiz 1493-1496). Bajo instrucciones de los Reyes Católicos y con fecha de 29 de mayo de 1493, en este manuscrito en particular ya se mencionaba un viaje con más de 1.200 personas r
distribuidas en cuatro naos y trece carabelas que tendrían como inicio de esta singladura nuestro puerto de Cádiz el 25 de septiembre del mismo año.
Posteriormente siguieron realizándose viajes comerciales, pero sin un control total sobre los mismos, y con el consiguiente riesgo de posibles ataques piratas o corsarios.
En 1501 fue cuándo la corona adquirió totalmente la supervisión de todas las naves que integraban desde aquel momento la conocida como Carrera de Indias.
Esta carrera quedó regulada en dos viajes anuales, uno saliendo de España en abril y el segundo en agosto. El primero reunía la Flota de Nueva España, púes reunía los mercantes que llegaban a Veracruz y Las Antillas. Y el segundo, La Flota de Tierra Firme, tenía como último puerto el virreinato de Perú teniendo su acceso a éste después de arribar en Cartagena de Indias, Nombre de Dios y Portobello.
En 1503 se había fundado la casa de contratación en Sevilla, hasta 1717 donde pasó a manos de nuestra ciudad de Càdiz, además del consulado de cargadores de indias, lugares ambos donde se gestionaba el monopolio del tráfico con América como ya he mencionado y donde se resolvian los litigios de los comerciantes respectivamente.
El aumento del tráfico comercial, junto con el tonelaje de los galeones, cada vez de mayor envergadura, fue convirtiendo a Sevilla en un puerto inútil e inservible para la navegación de comercio americano avanzado, ya que impedía la subida por el río Guadalquivir. Ordenándose púes, que los galeones de la flota partieran y llegaran a Cádiz, puerto de mar por naturaleza, además de poseer una posición geográfica y estratégica favorable.
La Casa de contratación fue una magnífica maquinaria para la organización de los viajes comerciales, ya que sus funciones pasaban desde la organización de los propios navíos, su revisión, control de tripulación, de pasajeros, registro de todas las mercancías que se cargaban en cada navío, hasta la recaudación de impuestos provenientes de estos viajes, como por ejemplo la tasa de avería, que servía para financiar la armada de defensa que iba en las flotas.
La defensa de los navíos mercantes españoles durante los viajes  se reguló a partir de 1522, después de que un corsario italiano a las ordenes de Francia llamado Juan Florín consiguiese apoderarse de dos de las tres naves que Hernán Corté había fletado para traer los tesoros aztecas hacia España.
Estos hechos y el aumento de los caudales a transportar por los
navíos llevarán a la necesidad de proteger las naves que hacían estas travesías con otras embarcaciones armadas.
Así púes, se ordenó de igual modo, que todos los navíos mercantes navegasen en formación ordenada, llamada ésta, «en conserva», un término de la época por el cual los barcos mercantes tenían que navegar en grupo, juntos, formando un comboy, con galeones armados a su alrededor para su defensa, evitando así posibles asaltos.
El Cádiz de comienzos del siglo XVIII vivió un incremento demográfico fantástico. El motivo más relevante de este desarrollo se debió a un gran fluido de personas procedente del norte de España y del extranjero. Personas de toda condición, atraídos por el auge económico de la ciudad y por ser su puerto uno de los más importantes del mundo. Los extranjeros, de nacionalidades muy diversas, hicieron de Cádiz una ciudad cosmopolita. Fueron numerosas las colonias que se establecieron en la urbe, italianos, genoveses saboyanos, así como de franceses, flamencos y tantos otros, declarandose como el gran epicentro del comercio americano.
Su fisonomía urbana cambió notablemente con la construcción de muchos y nuevos edificios, además, se llenó de oficinas,  consignatarios, talleres de todo tipo, artistas, almacenes, y de innumerables negocios. La cantidad de barcos registrados en su aduana llegó a superar en un año el millar. Una anécdota a nombrar fue, que tan evolutiva fue su actividad que hizo temblar los cimientos de puertos tan importantes como Londres o Róterdam.
No es necesario repetir a la luz de la  bibliografía existente la relevancia de Cádiz durante los siglos de la Edad moderna. La narrativa histórica en torno a Cádiz la representa como modelo de la evolución de una ciudad comercial entre los siglos XV al XVIII.

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