Actualidad Al Liquindoi

¿ESTO ES UN CACHONDEO?

Miren ustedes. No quiere uno ponerse estupendo ni ser el Pepito Grillo del COAC nuestro de cada día. Pero, aparte de ello, hay que recordar a los/las mandarines/as de San Juan de Dios que están ahí para, en la más noble acepción del término, servir a los ciudadanos de Cádiz. Y que ese servicio comienza con el respeto. Ciñéndonos al concurso, poco respeto se le tiene al público (antaño llamado “respetable”) cuando así, de un plumazo, sin haber estado programado, sin anestesia, directo a los riñones se le atiza un golpe bajo dejándolo (al público) sin un merecido descanso aunque sea cortito (nos referimos a sesiones de unas cinco horas y pico) y,¡ toma castaña!, amenazando con suprimir los acostumbrados TRES descansos de la sesión final con lo que se llegaría al culmen de la sinrazón con unas diez horas ininterrumpidas, sin descanso, sin parar, de un tirón, del COAC de los mismísimos, que van a conseguir que sea el show televisivo más odioso del mundo mundial. Vamos, a imitación de lo que pretendía la otra con las barbacoas. Para el libro Guinnes de los records.

No cuento el frío que hace en el Falla, que hace tela de frío y que no mitiga el aforo completo. No cuento la deplorable imagen que dan las teles del respetable tapándose hasta el cuello con mantas y chaquetones y dando alguna que otra cabezada, cuando no durmiendo a pleno ronquido.
Todo eso por no ser nuevo no tiene por qué ser aceptado. El esquema debería haberse mejorado y no empeorado. Quisiera que el certamen fuera razonablemente aceptable en cuanto duración, que la calidad la ponen las agrupaciones. Y va contra lo razonable suprimir descansos en unas sesiones que superan en tiempo a la más larga ópera.

Y, naturalmente es rechazable que todo esto se haga a golpe de improvisación sin preaviso y sin razonamiento alguno.

La ausencia del receso impide no solo a los que allí trabajan (medios de comunicación, seguridad, porteros, acomodadores, tramoya etc) disponer de unos minutos para echarse un bocata a la boca sino, y sobre todo, me refiero a la audiencia, a los infatigables que a las tantas de la madrugada están disfrutando y animando de manera incansable el cotarro. A esos que tienen que perderse buena parte de una actuación para salir a tapiñar algo porque en diez horas se puede producir una hipoglucemia carnavalera de aúpa ¿Recordamos que una vez empezado el espectáculo no se puede estar entrando y saliendo de la sala, como si fuera un jubileo?

Los que tienen que dar ejemplo deberían poner un mucho de sensatez, de sentido común y un muchísimo de respeto al respetable evitando el martirio chino de someter a personas de toda edad a un buen montón de horas continuas de carnaval, sin pausa. Esto no estaba pensado, ni programado, ni previsto ni estudiado, ni ná de ná, por lo que suena a rica y caprichosa improvisación.
Y, para más inri, las explicaciones y quejas al maestro armero, que estas gentes del carnaval son muy pesadas ¡uf! y es que se quejan por todo. Así que se dan meras excusas infumables y a salir después en la tele para pregonar urbi et orbe el “éxito” de este COAC.

No, no, mire usted, que no vale ahora que, de cagalástima, se avengan a empatizar con el pueblo y tengan a bien conceder a la plebe carnavalera la gracia de unos minutillos de descanso en la final.
¿Nos merecemos esto? Esto es un cachondeo, que decían Los Dedócratas o más bien ¿se están cachondeando?

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