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Actualidad Patrimonio Ventana del Ateneo

Apuntes de la Historia de Cádiz. Historias del pasado y seres mitológicos en la antigüedad de Cádiz.

Adolfo Morera Salvago

La mitología no suele ser un componente habitual en este espacio que utilizo para escribir sobre la historia de Cádiz.

He de decir que todas las civilizaciones de la antigüedad tienen sus propios relatos sobre sus orígenes y creencias. Hablamos de historias que pertenecen a la tradición de un pueblo. De esta manera un mito sería una narración concreta que explica una parte cargada de una posible realidad mediante aportaciones testimoniales en algunos casos, y el resto con otras sin posibilidad de contrastar por la propia antigüedad en algunos casos de las historias en cuestión.
La costa gaditana siempre ha guardado en sus profundidades enigmáticos y extraños relatos desde la antigüedad.


Este tipo de información nunca ha llegado relacionada con hallazgos arqueoló­gicos, tampoco aparecen reflejados en libros de historia y la mayoría de las veces ni tan siquiera a través de la tradiciones populares de un pueblo.

Algunas de estas historias son las que trataré a continuación. Temas no habituales que algunos historiadores antiguos lo recogieron a modo de curiosi­dad. Este es el caso que nos ocupa hoy donde aparecen testigos históricos que hacen que adquieran un carácter muy interesante.
Seres medio míticos medio reales que desde tiempos remotos siempre se dejaron ver por la costa gaditana. Sirvan como ejemplo estos dos casos de hombres-peces.

Como primer antecedente podemos mencionar la que nos hace Plinio el Viejo, escritor, científico, naturalista y militar del Siglo I d.C. Realizó estudios e investigaciones sobre fenómenos naturales, etnográficos y geográficos, recopilados en su obra Naturalis Historia, siendo modelo enciclopédico de muchos conocimientos hasta mediados del siglo XVII cuando sus estudios fueron sustituidos por investigaciones basadas en el Método Científico.

Precisamente en su obra Naturalis historia, tomo IX, nos narra una historia sobre un “hombre-pez” en la costa de la ciudad de Gades, donde afirma además añadiendo un grado de veracidad que se basa en el testimonio de personas de renombre.

Nos dice:

“Cuento con el testimonio de autoridades brillantes dentro del orden ecuestre de que fue visto por ellos en el océano Gaditano un hombre-pez con un parecido perfecto al hombre en todo su cuerpo; afirman que subía a la naves a horas nocturnas e inmediatamente sobrecargaba de peso el lado en el que se sentaba y, si permanecía mucho tiempo, incluso las hundía”.(HN, IX, 5, 10).
Recordamos que la orden ecuestre la integraban la clase social alta de la antigua Roma.

Un segundo antecedente de avistamiento de hombre-pez en Cádiz es el caso del llamado “hombre-pez de Liérganes” muy interesante por los datos y protagonistas históricos que la conforman.

Cuenta la historia que un día en la víspera de San Juan del año 1674, Francisco de la Vega un muchacho del pueblo cántabro de Liérganes y varios de sus amigos decidieron irse a nadar a Bilbao . Tras desnudarse se metió en el agua y se puso a nadar hasta que desapareció de la vista. Todo parecía normal pues Francisco era muy buen nadador decían y no temieron por él. Sin embargo pasadas unas horas extrañados al ver que no volvía sus amigos y demás personas que lo buscaban lo dieron por muerto.
Transcurridos cinco años del suceso, en el año 1679 y en la otra punta de España concretamente en Cádiz, un misterioso ser acuático con aspecto humano se dejó ver a unos pescadores. Sin embargo cuando querían acercarse desaparecía. Hasta que un día tras lanzarle trozos de pan lograron atraparlo entre sus redes.

Cuando lo subieron, los pescadores quedaron asombrados al ver que lo que habían pescado era en realidad un hombre

Cuando lo subieron, los pescadores quedaron asombrados al ver que lo que habían pescado era en realidad un hombre. Un joven pelirrojo de poco pelo, constitución corpulenta, semblante muy pálido y las uñas desgastadas.
Estos pescadores llevaron al hombre al Convento de San Francisco de nuestra ciudad. Allí los frailes le realizaron una limpieza espiritual para expulsar algún posible espíritu maligno además de someterle a un interrogatorio donde le hablaron en varias lenguas, pero no consiguieron que articulara ni una sola palabra.
Pasados unos días los esfuerzos de los frailes tuvieron recompensa; aquel extraño hombre rescatado de las aguas gaditanas había pronunciado una palabra, Liérganes.

Lo ocurrido pronto recorrió nuestra ciudad de Cádiz pero nadie pudo comprender el significado de aquella palabra. Fue entonces cuando esa palabra llegó a oídos de un muchacho de Cantabria que había emigrado a Cádiz en busca de trabajo. El muchacho comentó que en Cantabria había un pueblo llamado Liérganes. Asímismo, Domingo de la Cantolla que ejercía de secretario del Santo Oficio de la Inquisición, confirmó la información puesto que él mismo había nacido allí.
Hicieron llegar la noticia al pueblo de Liérganes donde confirmaron la desaparición de un muchacho años atras.

 

Decidieron llevarlo de vuelta a su pueblo natal para asegurarse que el hombre era realmente Francisco. Un fraile llamado Juan Rosendo le acompañó en su viaje de retorno hasta su casa. Una vez allí regresó con su familia.

 

Dos historias sin duda interesantes que nunca sabremos realmente que partes de veracidad llevan y que partes de leyenda.

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Adolfo Morera Salvago

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